El vino era popular.
Pero no era la bebida favorita.
Muchos romanos preferían el mulsum: vino mezclado con miel, especias y hierbas.
Era dulce, aromático y más fácil de beber que el vino puro.
Se servía en banquetes, celebraciones y rituales.
Lo bebían ricos y pobres.
Incluso los soldados.
Para los romanos, el vino solo era demasiado fuerte.
Por eso casi siempre lo mezclaban.
Beber vino sin diluir se consideraba cosa de bárbaros.
El mulsum no era solo una bebida.
Era estatus, placer y tradición.
